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martes, 24 de junio de 2014

Sobre la validez de la Feria del Libro como evento cultural

Más de una vez he leído o escuchado frases relativas al tema central de este blog, la Feria del Libro, y su calidad o cualidad de evento cultural. Sin embargo, un día escuché una opinión totalmente contraria a estas ideas: la FIL no puede ser considerado un evento cultural.
A partir de tal afirmación, mi mente comenzó a divagar, en busca de argumentos que la sustenten antes de simplemente rechazarla. Y al final, llegué a la conclusión de que, efectivamente, falta mucho para catalogar a la Feria como un evento de tal carácter.
A continuación les explicó por qué.

La Feria del Libro es una feria cultural, que muestra la cultura tanto regional como de otros países y la difunde a través de la lectura. ¿O no? Se puede decir que esto es verdadero, porque en la feria uno puede encontrar libros de variados géneros y temáticas, cuyos autores son de distintos países (entre ellos, Bolivia).  Algunos de estos autores nos permiten darle un vistazo a sus realidades y  tradiciones en sus historias. Además, al invitar a un país diferente en cada versión de la FIL se le da variedad a esta “ensalada cultural”.

Y ese no es el único punto a favor de la feria como evento que promueve la cultura, si puede decirse así. Porque este año, por lo menos, se realizaron proyecciones de películas y presentaciones teatrales y musicales.

Muy bien, hasta ahí, todo perfecto.

Pero todos estos esfuerzos por mostrar cultura (y disculpas por la repetición de esta palabra), se vuelven inútiles si la gente a la cual están dirigidos no coopera. Es decir, si no leen los libros, si no asisten a las proyecciones ni a las obras teatrales, si ni siquiera se informan al respecto. Y en este punto, influyen tanto los organizadores (informando) como los visitantes (interesándose).

Pero, ¿qué pasa si a la población no le interesa coger un libro y ojearlo? ¿Qué pasa si hay personas que simplemente van a buscar algo específico y no prueban nada nuevo? ¿Y qué pasa si hay quienes no saben bien lo que buscan y terminan gastando su dinero en revistas, broches y un crepé?  ¿Qué se hace entonces con todas las actividades culturales ofrecidas en la feria, si a las personas no les interesan?

Pues aquí es donde entran en acción los expositores.  Considero que el despertar el interés por la lectura en el público es, en gran medida, un deber de estos trabajadores feriales.  Por eso también soy de la opinión de que ellos deben ser amantes de los libros, porque  así tendrán un entusiasmo auténtico y un conocimiento fiable  a la hora de recomendar obras y atender a sus clientes.

Pero el problema, queridos lectores, es que en la Feria Internacional del Libro en Santa Cruz, rara vez he visto o sabido que los expositores se destaquen en la cualidad descrita anteriormente. Esto me lleva a creer que la mayor preocupación de estos individuos no es fomentar la lectura en su público, si no aumentar las ventas y generar ganancias.

Basta con pensar en esto: ¿qué diferencia hay entre pasear en, digamos, el pabellón Brasil de la feria y recorrer una librería? La primera obvia respuesta es la variedad ofertada. En una librería no encuentras tal cantidad de libros y otros artículos. Pero aparte de eso, vemos lo mismo: libros y más libros ordenados en sus estantes (o mesas en algunos casos), y el o los encargados, expectantes. Realmente una librería es un supermercado de libros. Y la Feria del Libro es el centro comercial.

¿Y fuera de los pabellones? Puestos de comida. ¿Qué tiene de cultural un local  de pollos Chriss? El objetivo claro de este grupo de vendedores es ganar dinero, pero su presencia en la feria es aceptable porque aquellos que asisten a ella  tendrán hambre en algún momento.
Entonces, más que valor cultural, le veo a la feria un valor (e interés) comercial.

El único lugar en el cual considero que se intenta motivar a  leer es en el pabellón infantil. Incluso la decoración y la disposición de los espacios están diseñadas para invitar a la lectura: nada de estantes alineados en cada estand, nada de estos impresos productos llenando cada hueco libre, simplemente unos cuantos libreros de atractivos diseños con algunos libros en ellos, y asientos, asientos por todos lados (sillas, pufs, sillones, cojines, etc.). Hasta a mi me dieron ganas de sentarme y perderme entre las hojas de alguna historia un rato. Y los mismos expositores en este pabellón trabajan por hacer de la visita a la feria, una experiencia interesante para los más pequeños, llegando a sentarse con ellos para leerles.

Un expositor, leyendo con a una pequeña visitante

Los encargados en el pabellón infantil interactuaban y
procuraban interesar a los niños

En esta imagen se aprecia la decoración de uno de los
estands, con libreros en forma de árboles

Por esta razón le doy un aplauso al pabellón infantil. Si el resto de los pabellones imitaran esa manera de ordenar y presentar los estands, tal vez mi opinión comenzaría a cambiar. Pero por ahora,  me mantengo pensando que la Feria del Libro, más que a la lectura, lo que motiva (y la motiva) son las compras y ventas.


Y justamente por eso, no puedo decir que este sea un evento esencialmente cultural.

viernes, 20 de junio de 2014

Todavía se puede mejorar

Imaginamos que debe existir algún plan estratégico detrás del telón de lo que será la XVI Feria Internacional del Libro. Imaginamos que existe un equipo humano capacitado para desarrollar las actividades pertinentes para la siguiente versión. Imaginamos que luego de terminar una feria el objetivo de la siguiente será superar a la anterior. Imaginamos que con una nueva versión habrá nuevas propuestas, pero también imaginamos que el trabajo siempre sobreabunda. Y también imaginamos y creemos que si tenemos la capacidad de escribir críticas, también tenemos la capacidad de escribir propuestas.

(Nota antes de leer las propuestas: Algunas son realizables y otras algo volátiles pero no imposibles)

-          Redactar un plan de comunicación en el que se contemple hacer un mantenimiento de marca durante todo el año.

-          Realizar una campaña de posicionamiento de marca tanto como nombre, marca, isotipo, slogan y abreviatura.

-          Diseñar un plan de medios para tener claramente definido el mensaje, fechas, canal y portavoces.

-          Difundir gráficamente el arte y lanzar una convocatoria para jóvenes en los que puedan pintar pancartas y grafitear paredes de la ciudad que están en desuso.

-          Crear un concurso y premios para las empresas y organizaciones que presentan sus estands dentro de la Feria con propuestas creativas para su implementación. Que además de la primordial característica que son los libros esté ligado a algún otro concepto, para que las opciones se diversifiquen.

-          Entablar un convenio con las librerías para estandarizar los precios y subvencionar en un mínimo porcentaje con la reducción de impuestos para que los libros tengan un costo más accesible para la sociedad.  Muchas personas se van de la Feria quejándose por los altos precios, y con esta medida,  esa situación podría disminuir.

-          Seguridad.  En cualquier evento de esta índole suelen haber personas que no van  más que a sacar provecho, ladrones oportunistas. Si se tuviese una mejor seguridad tanto en la entrada como dentro de la feria los visitantes no estarían tan preocupados por el posible robo de sus pertenencias y los ladrones se mantendrían diezmados.

-          Información. Es importante que los volantes con información sobre la ubicación de los estands y eventos sean entregados a los visitantes desde el primer día, no solamente los últimos días. Esto generaría mayor interés y de esta manera las personas podrían planear otra visita a la feria de acuerdo a sus intereses.  De hecho, si se pudiera disponer del programa completo con unos días de anticipación, la gente podría organizarse mucho mejor para asistir al evento, incluso podrían planificar sus gastos en libros y se evitaría un exceso de concurrencia que vuelve más lento y complicado el recorrer los pabellones.

-          Atención. Si bien cada estand tiene el objetivo máximo de vender, no deben enfocarse solo en esto. El servicio es aún más importante, por lo cual el tener vendedores o presentadores que sepan de las obras y puedan comunicarse con los visitantes de manera adecuada es de importancia estratégica.
Ideal sería que los expositores sean personas a las cuales les gusta la lectura y conocen lo que venden, que este sea un requisito a la hora de contratar trabajadores para los estands. Porque de este modo, estos amantes de la lectura tienen la oportunidad de transmitir y contagiar su entusiasmo, y quizás, difundir el hábito de leer en la sociedad. Tal vez así la Feria tenga mayor valor cultural y no tanto comercial.

-          Interés. La mayor parte de las personas no son lectoras, por lo que no saben qué género de libros les puede interesar. Crear un test que muestre los potenciales gustos de lectura sería una gran oportunidad. De esta manera las personas comprarán algo que les gustará y realmente leerán. Generando así más público lector. 
            Entre las propuestas para generar interés está el crear y aplicar alguna estrategia que no sólo estimule la compra de libros, sino la lectura, a  través de: ventas de libros por metro, por peso, por cantidad de páginas.

-          Dinamismo. Son muy pocos los estands que llaman la atención, esto es algo que definitivamente se debe cambiar, al hacer de cada uno un espacio diferente, esto será  un estimulante visual que atraerá audiencia.

-          Identificación. Sentir que uno es parte de algo es realmente valioso. Se podrían dar pequeños recuerdos de asistencia a la feria y además entregar una encuesta en la cual cada visitante pueda opinar sobre el evento. Esto crearía vínculos entre la feria y la sociedad, haciéndola más valorizada, además de permitirles a los organizadores saber qué cosas no les agradaron a los concurrentes.

-          Zonas de descanso. El último día de Feria había tal cantidad de visitantes que encontrar un banco para detenerse un momento a descansar era prácticamente imposible. Algo que debería mejorarse es la instalación de más bancos o asientos disponibles para quienes asisten a este evento, que luego de mucho caminar por los pasillos pueden terminar bastante cansados.

-          Mantenimiento. Los organizadores de la FIL (la Cámara Departamental del Libro) deben preocuparse por mantener en óptimas condiciones  las instalaciones donde se llevará a cabo la feria.  Esto significa, entre otras cosas,  asegurarse de que los pabellones están limpios y listos para ser ocupados, mantener los pasillos despejados de deshechos durante las horas de funcionamiento de la feria y cerciorarse de que los baños estén libres de desperfectos (y si no lo están, corregirlos).

-          Organización. La Feria del Libro debería estar totalmente lista para ser presentada y visitada desde el día de su inauguración. El ver que hay estands todavía en construcción, hasta tres días después de que inició, es algo que definitivamente debe cambiarse. Al igual que los mapas de cada pabellón, los cuales no pueden presentarse escritos a mano al público. Con una planificación hecha en su debido tiempo y la anticipada  asignación de los espacios para los  estands de cada editorial, este detalle puede evitarse.

-          Participación. Seguro existen muchas personas voluntarias que les gustaría ayudar en la siguiente feria, ¿por qué no darles la oportunidad? Así se tendría una mayor gama de ideas y opiniones, lo que sin duda mejoraría la feria en todo.
            Y hablando de opiniones, ¿por qué no implementar un buzón de sugerencias en las instalaciones de la feria? O idear algún medio a través del cual la gente pueda comentar sus experiencias en la FIL y dejar propuestas para mejorarla para su próxima versión. Algo como un blog… un blog en el que sus autores comparten sus críticos puntos de vista como participantes de la Feria del Libro, preguntándose si llegará  a la vista de los organizadores de la misma.

Primero y último

Tal vez muchos de ustedes, al enterarse de que  la Feria del Libro se aproxima, hacen sus planes y deciden ir. Llega la fecha,  van una vez, y eso fue todo.
Este año, mis compañeras y yo asistimos a  la Feria por lo menos tres veces cada una. Nuestras visitas a este evento fueron en distintas ocasiones, y esto nos permitió darnos cuenta de notorias diferencias  a medida que pasan los días de su duración.
Luego de pensar bastante para estar seguras de no olvidar nada, resumimos la lista de diferencias en la imagen a continuación:



Lo que más llama la atención es  la poca actividad los primeros días de Feria, tanto en los pabellones como en el patio de comidas, y el contraste con la gran concurrencia el último día.
Una probable teoría es que las personas, sabiendo que la FIL se inaugurará, deciden posponer su visita hasta el último día, bien sea por falta de tiempo, porque piensan que si van los primeros días no estará todo listo y no podrán ver y disfrutar todo lo que el evento tiene para ofrecer, o tal vez, porque les llega tarde la noticia de la apertura de esta “fiesta de libros”.
Los expositores, sabiendo esto por experiencia, no se preocupan y  se toman su tiempo en terminar de organizar todo. Es así como a tres días de la inauguración, todavía pueden verse estands en construcción en los pabellones.

El tercer día de Feria, en el pabellón juvenil, podían verse
trabajadores ocupados en algo...

Y esto fue lo que resultó de su trabajo.
¿Qué día lo habrán terminado?

Por supuesto, esto es únicamente una suposición, pero son los hechos los que la originan y sustentan.

Es una muy mala situación, porque hay quienes se emocionan y asisten los primeros días, pero al ver que no está todo preparado y en funcionamiento se van del lugar más decepcionados que satisfechos.
Otra desventaja de esta manera de hacer las cosas es que se crea una gran masa humana recorriendo los pasillos el último día (nosotras lo vivimos). Y no sólo los pasillos, porque el apelotonamiento empieza desde las filas para ingresar. Esto es sencillamente porque el público no es distribuido, por así decirlo, en los diferentes días que dura la Feria.

¿Cómo podrían paliarse estas diferencias?

Quizás si los ciudadanos en general estuvieran informados con bastante anticipación, sabrían a qué quieren ir y qué no les interesa ver. Entonces no se amontonarían todos para el último día.
Sin embargo, es también responsabilidad de los organizadores y los expositores el preocuparse por tenerlo todo listo incluso antes del día de la inauguración. Hay quienes no van al principio porque suponen que no todo estará terminado, y tienen razón, al menos en esta ocasión.

A continuación tenemos una serie de imágenes que muestran las diferencias entre los primeros y los últimos días de la Feria.

Al empezar...

Pocas personas asistieron durante los primeros días

Si bien esta fotografía está algo borrosa, permite apreciar lo
vacíos que estaban los pasillos durante los primeros días

Los juegos en el pabellón juvenil, desiertos

El estand de los jigotes el tercer día de la FIL

El local de helados Cabrera tuvo poquísimas ventas
al principio

El inicio de la Feria no fue beneficioso para Crepes de France

Pero el último día...
La larga fila para entrar


Había más gente en los estands

Los pasillos estaban casi repletos

El pabellón infantil, muy concurrido

¡Los encargados de los juegos en el pabellón juvenil al fin
tenían trabajo que hacer!


He aquí una panorámica de los juegos del pabellón juvenil
el último día de FIL
El estand jigote, con un buen grupo de visitantes alrededor,
sacó las empanadas el último día
Los "caminantes" fueron apartados en las esquinas



Me sorprendió ver que había fila para comprar un crepe

El local de Cabrera tenía clientes ese día

También el de Queen Burger

Fuera de los pabellones, la gran cantidad de gente hacía
muy difícil el encontrar un lugar para sentarse un rato
Fuera de estas diferencias, algo que se mantuvo igual fue que los autores firmaban sus obras. 

Ana Carola Artigas me regaló su autógrafo en uno de los libros
que compré: "Manjar para el corazón de los jóvenes"

Federico Morón (o el Gatonegro) se encontraba firmando
su libro "Los estados del Gatonegro"

miércoles, 18 de junio de 2014

"Por una nueva canción"... a tres voces

Era un domingo algo frío y no quería cambiarme de ropa tres veces, así que decidí salir de casa con mi atuendo del siglo XVII. De todas maneras tenía que dar pocos pasos fuera del escenario, al subir y descender del auto hasta encontrar el Pabellón Infantil y regresar a casa, solo eso. 
Durante el trayecto sentíamos que las personas de los otros autos nos miraban asombrados, pero quizás era solo nuestra expectativa de ver sus rostros al descubrir que nos habíamos infiltrado en el siglo XXI desde lejanas tierras. Mi hermano llevaba una camisa blanca con chaleco bordo, medias pantis blancas, zapatos de tacón con cordones, un pantalón corto y un sombrero negro de capitán en la cabeza. Mi atuendo era más sencillo porque simplemente era una música del palacio y no el capitán que con sus hazañas nos llevaría al nuevo mundo. 

Hace ya un tiempo que deseaba ver a mi compañera sobre el escenario, la Feria del libro me dio la oportunidad. Se trataba de una obra teatral para niños;  para no ir sola a un evento infantil, rapté a mi sobrino de su casa solo por unas horas.

Íbamos dos horas antes para tener todo preparado, el escenario era algo familiar porque sería la segunda presentación durante la Feria, pero siempre teníamos nervios, en realidad un poco de nervios. Nos invadía la duda de comprobar si subirse al escenario en papel de actores y músicos al mismo tiempo, sería óptima como las anteriores ocasiones. 

Llegamos a la feria algo atrasados, no quince minutos antes (como de costumbre), sino que solamente cinco. Luego de hacer la común movida técnica de “colarse” a la fila compramos los tickets y entramos. Por fortuna yo ya conocía el lugar exacto en el cual se desarrollaría la obra, así que a pasos agigantados llegamos en menos de tres minutos. En el salón no se encontraba el gentío que yo esperaba, estaba más vacío que colmado. Apresuré al niño en vano.

La prisa me invadía. Había salido tarde de casa y sabía que llegaría tarde a la presentación musical en la cual esperaba encontrar a por lo menos una compañera de la universidad.
Luego de atravesar la entrada a la Feria, estuve a punto de echar a correr hacia el pabellón en el que se estaba llevando a cabo la actividad que yo quería presenciar, cuando caí en cuenta de que no tenía la menor idea de dónde se hallaba mi destino. Era la tercera vez que asistía a la Feria y aún así era incapaz de ubicarme.
Menos mal, no estaba sola. Mi acompañante (mi novio) me sacó de mi apuro y muy amable y rápidamente, me guió hasta el pabellón infantil. 

Teníamos experiencia en poner en escena repertorio con un alto nivel académico y técnico, pero además de todo lo musical teníamos que tener el cerebro pendiente en muchas cosas: memorizar nuestros guiones, saber todas las notas y cortes, recordar que al subirte al escenario ya no eras tú, sino el personaje dentro de la obra, bajar corriendo del escenario por detrás para cambiar de instrumento, saber improvisar en caso que alguno olvide su parte para enlazar con el guión general del relato, no realizar movimientos bruscos para no presionar el botón de off y apagar el micrófono; era como un millón de detalles que parecen insignificantes pero que daban vueltas en el cerebro a cada minuto. 

Sentados esperamos y esperamos, las sillas comenzaban a ocuparse por niños entusiastas y mayores con actitud de viejos. Adelante,  justo frente al escenario,  había un par de filas de sillas pequeñas y coloridas, asientos especiales para niños. Mi sobrino no quiso sentarse con los niños así que se quedó conmigo, yo estaba tentada de ocupar un lugar de niña, más no cabía en él.

Anunciaron que faltaban minutos para el comienzo de la obra. Miré a mi alrededor y pude percibir que el niño sentado a mi lado era el menos exaltado, estaba pálido y dijo que tenía dolor de cabeza. No presté demasiada importancia, los niños son así, pensé. Se apagaron las luces y la función comenzó.

Con la respiración agitada, ingresé al fondo del pabellón, al salón teatral. Como esperaba, la obra ya había iniciado hace quince minutos.

Subirse al escenario era como despegarte del mundo y viajar a otro planeta donde paralelamente sucedían muchas cosas en el que tú eras parte de la historia. Cada escena tenía su esencia y su nerviosismo en particular, porque no era simplemente saber a la perfección lo que tú tenías que hacer y decir, sino estar al tanto de que el otro se podía olvidar de algo y tú podías salvarlo, eso es lo genial de trabajar en equipo. En mi memoria cada escena tenía una frase clave en orden correlativo: cumpleaños de la reina, atentan con cortarnos la cabeza, viaje al nuevo mundo, selva y nativos, regreso al palacio, felices con nuestra nueva canción y fin.  

Tengo pésima memoria así que ya no sé de qué modo exactamente comenzó la obra, en fin entró la reina de España y su fiel servidor. Para ese entonces el salón estaba repleto, incluso había gente sentada en el piso. Luego entró un grupo de músicos, en el cual se encontraba mi compañera, los cuales debían tocar en honor al cumpleaños de la reina. Lo hicieron, mas la reina exigía una nueva canción, motivo que dio el comienzo del clímax a la obra.

Aunque quería concentrarme en la acción en el escenario, lo primero es lo primero, así que estiré el cuello en busca de un lugar para sentarnos (mi novio y yo). Lo encontramos a un extremo de las largas filas de asientos.
Ya acomodados, y con la cámara preparada en mi mano, fijé mi atención en lo que sucedía al frente. Un grupo de personas, vestidas con ropas que me hicieron pensar en Cristóbal Colón, dialogaban entre sí. Cada una de ellas (y entre ellas estaba mi compañera) llevaba un instrumento musical en sus manos, y todos los instrumentos tenían forma de la flauta dulce que yo usaba en el colegio, pero algunos eran más grandes y otros más pequeños. Cuando yo me daba cuenta de este detalle, los personajes presentaban los nombres y cualidades de sus instrumentos. Y fue así como me perdí en la obra musical.

Creo que debo hacer un paréntesis para destacar la calidad de la presentación musical dentro de la obra, los actores tocaban distintos tipos de flauta, y lo hacían con gran habilidad. Lo cual le dio un plus a la presentación, puesto que atraía aún más la atención de los niños.



Dulces melodías llenaban la estancia, los personajes aparecían en diversos escenarios, tocando sus instrumentos. Un barco, una jungla, un palacio, todos eran testigos de la música.
El público, absorto, escuchaba. Tanto niños como adultos tenían su atención puesta en la historia representada, que se resume en la búsqueda de un grupo de músicos por una nueva canción, a petición de la reina.

Justo cuando los músicos se dirigían rumbo al nuevo mundo para hallar nuevos ritmos musicales, una vocecita me dijo: Me duele mucho la cabeza, quiero irme a mi casa. Eso fue todo, me quedé con la obra a medias, justo cuando se ponía más interesante, supongo que el raptado no se identificó con la raptora.  





La obra me permitió relajarme y divertirme, acompañando la música con palmas y presenciando cómo los actores invitaban al público a bailar.



Y al final de la misma, cuando los músicos le presentaron sus hallazgos a la reina, no pude evitar sonreír al escuchar ritmos típicos de mi país animando el ambiente.







En general nunca reconocía a nadie del público, sabía que había muchos niños y personas porque cuando observaba al horizonte mientras actuaba detectaba una mancha parecida a una multitud de rostros. Mi mejor momento era la segunda venia cuando volvía a ser yo, abría los ojos para mirar fijamente al público y podía sonreír todo lo que quería.




Mucha gente desprecia a su país (me refiero a Bolivia), hablan mal de él (es cierto que a veces lo hacen con razón) y lo hace menos, sin apreciar lo que tiene. Mucha gente sueña con irse de su nación, porque la situación aquí no les gusta, porque no hay progreso, por la mala dirección política, etcétera, etcétera, sin darse cuenta de que si los bolivianos mismos no apoyan a su país ni hacen algo por mejorarlo, nada va a cambiar.
"Por una nueva canción" me gustó mucho, porque exhibe un poco de la cultura boliviana a través de la música, permitiendo apreciar una forma de belleza nacional y que las personas se den cuenta  que no todo aquí es malo, que hay cosas de las cuales enorgullecerse.


sábado, 7 de junio de 2014

Curiosa presentación de "La fiesta"

Hace casi una semana que terminó la Feria del Libro. El último día (el primero de junio) asistí a la presentación del libro “La fiesta”, y durante todo ese proceso ocurrieron algunas cosas curiosas de las cuales les cuento a continuación.

Primero, hay que ubicarnos en el contexto. Luego de dos horas paseando por la Feria con mi novio, íbamos de los más relajados, caminando fuera de los pabellones. Estábamos viendo qué hacer hasta las ocho y media, hora en la cual se presentaría la obra “Romeo y Julieta” en el pabellón infantil.

De repente, una señorita vestida de manera formal nos intercepta e invita a asistir a la presentación del libro “La fiesta”, que se llevaría a cabo en el salón a sus espaldas.

Le agradecimos, diciéndole que iríamos, tal vez más para que nos deje ir que siendo sinceros. Y apenas habíamos avanzado tres metros cuando otra señorita, con un atuendo idéntico al de la primera, se nos acerca y nos invita a la misma presentación, sólo que esta vez sonó algo más suplicante. Por su tono de voz, deduje que les hacía falta público. Mi sospecha se vio confirmada cuando mi novio le preguntó a qué hora sería esta actividad, y ella respondió que estaba programada para las siete en punto, pero como no había mucha gente la habían retrasado un poco. Eran las 19:18.

“Bueno, puede servir para hacer tiempo.”

Al ingresar en el salón (sin la menor idea de qué podíamos esperar), la presentación ya había empezado.

Un hombre canoso, cuyo tono de voz me hizo pensar en un abuelito contándole cuentos a sus nietos, se encontraba al frente llevando la palabra, mientras nosotros nos ubicábamos silenciosamente en un extremo de la blanca habitación.

El autor, Pedro Basaure, junto a su obra
Ya acomodados en las sillas de plástico, dirigí mi atención al señor identificado como Pedro Basaure Forgues, que en ese momento  preparaba al público para  contarles de su libro con la frase “los novelistas decimos la verdad hasta cuando mentimos”.





Sobre su obra, esto fue lo que entendí:




El libro de Basaure es una novela cuyo tema central es la corrupción. El autor tomó hechos reales y personajes ficticios para mostrar cómo existen personas íntegras en la sociedad, pero otros los inducen al mal. El título “La fiesta” hace alusión a la costumbre boliviana de festejarlo todo.
Este escritor demuestra  a través de la historia de su libro que en la vida también hay gente positiva y buena que provoca desear seguir viviendo. Y por otro lado hay gente mala, los “satanes”, que inclinan a las personas a la corrupción.





Luego de pocos minutos, el escritor calló, pero me pareció que pocos de sus oyentes nos dimos cuenta de que había terminado.  Esto se notó mucho más cuando nadie se movió de su asiento, nadie se puso de pie, pese a que la presentación había concluido. Fue muy gracioso, aunque me dio un poco de pena por el escritor,  porque  Basaure tuvo que decir “eso es” para que el público reaccione y desaloje el lugar. Casi parecía que los visitantes querían más.

Pero lo que creo que pasó en realidad fue que la gente no sabía a qué iba.  Las personas fueron invitadas a aquella actividad sin mayor información que el nombre del libro y su autor. La invitación que hacían las azafatas era impulsada por la necesidad de audiencia, lo cual provocó que asistieran personas a las que (probablemente) ni les interesaba  la temática de la obra, pero eso no podían saberlo precisamente por la escasa información que proporcionaban al momento de invitar.

¿Dónde radica el problema?
En mi opinión, todo se reduce a la falta de información. En tres ocasiones asistí a la FIL, y en ninguna de ellas conseguí un programa con todas las actividades a realizarse. Si me perdí de algo, no sé qué fue.

Y claro, sin un programa a la mano, las personas no saben que el libro “La fiesta” será presentado el día “x”  a la hora “y”. En consecuencia, las azafatas se ven en la necesidad de mendigar espectadores, espectadores a los cuales tampoco se les dice todo lo que requieren saber. 

Sin un programa a mano, la presentación debe retrasarse por falta de audiencia, asisten personas a las que no les interesa, no van aquellos a los que sí les atrae el libro, el público se queda esperando algo más y el autor debe señalar que terminó de hablar.

Y esta anécdota es un recuerdo más de la desorganizada (o quizá improvisada) organización de la Feria del Libro del 2014.


(Fotografías: Andrea Villarroel)

martes, 3 de junio de 2014

Atención capturada

La Feria concluyó.
La quinceañera terminó de celebrar y guardó sus libros. Yo tuve la oportunidad de asistir tres veces a su fiesta, y en cada una de ellas encontré algo que me llamó la atención. Sobre eso se trata este post, como ya lo anuncia el título.
Empecemos:

1)  “PubliciPOP”
Algo que definitivamente llamó mi atención fue la increíble cantidad de publicidad de la soda Pop. Desde carteles grandes y pequeños, hasta botellas gigantes de esta gaseosa, ¡la soda Pop estaba en prácticamente todas partes!
Una pequeña anécdota es que cuando compramos un cono del local de pollos Chriss, la soda con la cual venía, ¿adivinan cuál era? Pop, efectivamente. Pero es un detalle comprensible tomando en cuenta que esta empresa era uno de los patrocinadores de la Feria.








2) Música, niños perdidos… esto no es Peter Pan
Paseando por los pabellones tantas veces, me di cuenta que, definitivamente, mi favorito era el de Brasil. Y no era ni por los libros que en él encontré, ni por las editoriales. La razón era la música. ¿La notaron? Por los parlantes (que supongo estaban instalados cerca del techo) eran reproducidas varias canciones que llenaban el ambiente. Muchas de ellas las conocía, y en cuanto comenzaban a sonar yo unía mi voz a la del cantante y las entonaba con alegría mientras recorría uno y otro pasillo. E incluso, no fui la única que disfrutaba con las melodías: en una ocasión en la que yo me encontraba cantando la canción que estaba siendo reproducida en aquel momento, me crucé con un hombre que estaba disfrutando la música igual que yo y por unos segundos nuestras voces sonaron al unísono. Fue algo bastante divertido. Entre las que pude identificar estaban algunas de mis favoritas, como  Don’t dream it’s over (Crowded House) y I have nothing (Whitney Houston).
Pero tampoco eran canciones todo lo que transmitían los parlantes. En más de una ocasión llegaron hasta mis oídos avisos sobre niños que se habían extraviado en plena Feria, y finalizaban pidiendo a estos niños perdidos que se aproximen al micrófono, al área de avisos, donde una señorita anunciaba presentaciones de libros, actividades que estaban por llevarse a cabo y extravíos. Pero ante cada uno de estos mensajes, yo me preguntaba, ¿los niños saben siquiera dónde están o cómo llegar a ese lugar?

Pude encontrar a la señorita encargada de los avisos a través
de los parlantes, acompañada de una botella gigante de Pop

3) Mochilas ACRICOLOR
En el estand de ACRICOLOR captaron mi atención unas mochilas muy llamativas que allí vendían. Lo que me gustó de ellas fue lo fuera de lo común que eran, con texturas y formas variadas, además de mucho color. ¡Eran tan bonitas que me dieron ganas de llevarme una a casa! El precio único: 700 bolivianos.




4) Vicios modernos
Estaba en la Feria DEL LIBRO, ¿y saben qué? Más de una vez pude observar personas ensimismadas en sus celulares. No tiene nada de malo y no los critico, sin embargo me pareció un curioso contraste entre los pasatiempos de antes y los de ahora, entre la lectura tradicional y la influenciada por las nuevas tecnologías.


En el pabellón infantil, una chica ocupada con su celular
se pierde lo que ocurre a su alrededor

5) GRATIS
Pareciera que esta palabra tiene efectos poderosos en las personas, atrae miradas y despierta interés, incluso por objetos que no necesitan ni llegan a usar. Este hecho estuvo perfectamente representado en el estand de China, el cual me causó mucha curiosidad cuando, al acercarme, pude observar sus estantes prácticamente vacíos.
Justo en ese momento, una niña (que no aparentaba más de diez años) se alejaba de allí con más libros de los que podía cargar en sus brazos, eran tantos que incluso se le cayeron. Mientras ella los recogía y se reía, mi hermano le preguntó “¿todos esos te los compraste?”, a lo que la pequeña  respondió “no, ahí regalan libros”.
Su respuesta me sorprendió. Eso explicaba los estantes vacíos.
Ya que los chinos ofrecían libros gratis, nos aproximamos para curiosear y con ganas de llevarnos uno a casa. Pero al leer los títulos, ninguno me atrajo. Todos estaban en inglés, y por lo que pude entender, eran sobre economía y cosas así. Aburrido. En realidad, no era el tipo de lectura que yo buscaba. Y con las manos vacías de libros chinos, nos fuimos hacia otro estand, mientras en mi mente me preguntaba ¿será que esa niña va a leer todos esos libros?, ¿siquiera sabe inglés? Bueno, todavía puede venderlos por kilo.

El estand de China, el día martes 27


Y unas horas más tarde, el mismo martes...

6) Libros suicidas
Según mi profesor de Creatividad en la Universidad, lo creativo es lo raro, lo diferente, lo que se hace de una manera muy distinta a lo usual. Lo otro, como dice él.
Basándome en este concepto, puedo afirmar que existió una seria falta de creatividad en cuanto a decoración en la Feria del Libro. ¿Por qué? Porque en más de un estand habían, a modo de adornos o decoraciones, libros colgados del techo. Cuando los vi por primera vez llamaron mi atención, conjuraron en mi mente la idea de libros suicidas, me gustaron. Pero luego de visitar toda la Feria y encontrar lo mismo  varias veces, la emoción inicial ante este atractivo se desvaneció.

 


 




7) Variedad de sillones
En el pabellón infantil, algo que realmente me encantó (además de la decoración y la apariencia de los estands) fueron los distintos sillones en los que los niños pasaban un momento abstraídos con la lectura de un libro. Sillones alargados de un verde brillante, cojines redondos de colores, incluso pufs. Los más pequeños tenían bonitas opciones para detenerse y perderse entre las páginas de un nuevo amigo impreso.

Pero no sólo en el pabellón infantil pensaron en los niños

Un momento de descanso en el pabellón infantil.
(Nótese la poquísima cantidad de visitantes aquel día)

¡Vistos así parecen caramelos! Pero eran otra de las varias
opciones para sentarse

8) “Mi nombre es Katniss Everdeen…”
En el estand de la editorial 3600, una chica que portaba un arco y una flecha se autonombraba como Katniss Everdeen (protagonista de “Los Juegos del Hambre” de la escritora Suzanne Collins), y a continuación contaba su historia en voz alta, atrayendo miradas y despertando interés.  Detrás de ella, sobre una mesa, eran ofrecidos los libros de la trilogía protagonizada por este personaje: “Los Juegos del Hambre”, “En llamas” y “Sinsajo”.



La joven que interpretaba el personaje de
Katniss Everdeen



9) Libros de mentira
Al ingresar por primera vez a la Feria del Libro, me llamó la atención un salón con grandes ventanales a través de los cuales las imágenes de unos pocos escritores famosos contemplaban el exterior. El letrero de aquel salón rezaba “Ministerio de Culturas y Turismo”. Pero lo que me hizo brillar los ojos de emoción fue la vista de montones de libros ordenados en estantes que llenaban toda la pared. Era como un paraíso para mí. Atraída por este hermoso hallazgo, crucé la puerta sólo para llevarme una tremenda decepción: los libros eran de mentira. No habían libros, era simplemente una impresión en la pared. ¡Vaya fiasco! Si se supone que es la Feria del Libro, ¿no sería mucho mejor llenar los espacios con unos de verdad?
Aquellas personas que, como yo, aman la lectura, y tener una habitación destinada únicamente a contener tantos libros como sea posible es uno de sus sueños, seguramente se llevaron la misma impresión que yo.


10) Arrinconando el desorden


La primera vez que visité el pabellón infantil, decidí ingresar al salón en el que se realizarían las presentaciones musicales y teatrales. Estando dentro y recorriendo el lugar sin un objetivo determinado, me crucé con una especie de lona aparentemente muy amplia, y un conjunto de cajas amontonadas, todo colocado en el suelo, en un rincón contra la pared, perturbando la apariencia del establecimiento.


11) A mano
Finalmente, en la entrada de uno de los pabellones capturé la imagen de una hoja allí pegada, la cual tenía impreso un mapa del pabellón. Lo curioso de esto es que, al acercarme a examinar la hojita, mis ojos registraron los nombres de las editoriales que estaban presentes en sus estands correspondientes, escritos a mano con lapicero. Este mapa transmitía una imagen de improvisación, de algo que fue hecho a la rápida, de falta de tiempo, de poca formalidad o de una deficiente organización.
Tras mi escrutinio al inocente papel, ingresé al pabellón, riendo para mis adentros.


Mapa con las ubicaciones de las editoriales escritas a mano

Así queda registrado que la Feria sí capturó mi atención. Pero no por sus libros.